repomanEntre esas curiosidades del cine que no llegan (o llegan tarde) a nuestra querida Latinoamérica, puede contarse la más reciente película de Darren Lynn Bousman, a quien recordaremos, o no, por haber dirigido Saw II, III y IV (¿cómo es que salió más de una?). Estoy hablando de la película musical ópera-rock Repo! The genetic opera.
La propuesta es bastante buena. Música que a ratos nos recuerda a Rob Zombie, Marilyn Manson o incluso a NIN, pero con las voces de Sarah Brightman (como Blind Mag), Alexa Vega (Shilo), Anthony Stewart Head (Repo Man), Paul Sorvino (Rotti Largo), Bill Moseley (Luigi Largo), Paris Hilton (Amber Sweet, no se preocupen, casi no canta), Ogre (¡sí! el de Skinny Puppy, como Pavi Largo), Terrance Zdunich (Graverobber, uno de mis favoritos sin duda) entre otros.

Originalmente una obra de teatro, la historia se desarrolla en un futuro en el que las personas empiezan a presentar fallos constantes en sus órganos internos. Para paliar este problema surge Genco, una empresa lidereada por Rotti Largo y sus tres hijos, que se encarga de vender órganos a un precio bastante alto -digamos, un pago de por vida. Si no puedes pagar, después de 90 días (tal cual si fuera el servicio de cable) Geneco envía a Repo Man, que no te llamará, no te enviará un email, no te avisará: simplemente un día, cuando menos te lo esperes, llegará a matarte y quitarte el órgano por el cual no pudiste pagar. Porque claro, estos órganos quizá puedan ser necesitados por alguien más que sí pueda pagar.
Pero el asunto no termina ahí: es tal la facilidad con la que se pueden reponer los órganos defectuosos, que esta necesidad se convierte en una fiebre por cambiar órganos que no están dañados, porque lo importante es ser lindo por dentro. Luego no es sólo los órganos internos, sino también las cirugías de todo tipo, y es así como la gente puede cambiar la silueta de su cuerpo, las partes de su rostro… Y como toda buena cirugía requiere una muy buena anestesia, paralelamente se desarrolla el Zydrate, un poderoso pain killer que rápidamente se convierte en la droga favorita de muchos -de la cual Graverobber consigue una versión “ilegal”, pero igual de efectiva, que extrae de los muertos. La historia tiene su epicentro en Repo Man y su hija adolescente, Shilo.
Musicalmente hablando, hay muchas participaciones interesantes. Por ejemplo, Rob “Blasko” Nicholson, guitarrista de Ozzy Osbourne, Daniel Ash (Bauhaus, Tones on Tails, Love and Rockets), Joan Jett, Poe, entre otros. El soundtrack fue producido por Yoshiki Hayashi (miembro de X Japan). El disco trae 22 canciones, pero este 20 de enero saldrá a la venta una versión extendida, a la par que el DVD especial de la película.

repo-genetic-operaEn términos generales, la película está… cómo empezar. Es una buena película, la música es buena, los actores se ven bien pero… me recuerda a esas ocasiones en las que quieres estornudar y no puedes; y hasta haces el “ah… ah…” pero el “¡achú!” no llega. Algo así pasa con la película. Y resulta muy desesperante, porque todo está ahí, todos los ingredientes: la música, lo visual, lo conceptual. Al final la mezcla resulta pobre, no cuaja, no se cuece (disculpen mis metáforas culinarias) no estornuda, pues. Los personajes conceptualmente son muy buenos pero ninguno resulta entrañable, no hay empatía, en toda la película se mantiene una distancia muy grande entre el espectador y los personajes. Es una pena, porque por ejemplo, Graverobber, el “narrador” estructuralmente hablando, no se perfila tan claramente como tal… es decir, no se define entre omnisciente o equisciente, participa pero luego habla de la historia como algo muy aparte; como personaje ofrece muchas posibilidades (es simpático, es guapo, es coquetón) pero no se explotan, no es redondo. Y así podría decir de todos, están endebles, bidimensionales, lo cual es una pena porque visualmente tienen todas las herramientas… y el Repo Man, que se supone es EL personaje, a pesar de tener una voz tan chingona medio se desdibuja ahí entre todo el caos.
El conflicto es, otra vez, tibio. Pareciera que faltó más tiempo para hacer un planteamiento más claro y no tan sobre la marcha. El final es muy ambiguo, habrá quien pueda decir que es un final abierto pero si se quedan escuchando las canciones de los créditos, casi al final hay una que sugiere el rumbo del que al final resulta ser el personaje principal. En pocas palabras, la música -o más bien, las ganas de cantar- se comen a la película y el resultado, aunque no resulta desastroso, no es el que pudo haber sido.
Como sea, hay que verla: es una propuesta muy creativa y al menos el esfuerzo resulta harto interesante.

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