No estaba muerto, andaba de gira: Peter Murphy en Chile

Escrito por Malinconia el Miércoles, 18 Febrero 2009, foto por ElBeso.cl

Finalmente sucedió. Y de forma inesperada, de principio a fin. Ya desde un comienzo, la noticia del concierto de Peter Murphy llegó en el momento que menos imaginábamos. Una grata sorpresa que por momentos temimos que no se cumpliría -cuando se corrió el concierto-, pero afortunadamente no fue así.

La otra sorpresa fue la repentina aparición de Murphy en el escenario. Unos 10 minutos después de las 9 de la noche, el público heterogéneo que llenó ¾ del Teatro Caupolicán no coreaba el clásico llamado que se hace a los músicos para que salgan a escena de una buena vez. Nada de “Peter, Peter”. No hubo que llamarlo, él podía intuir lo ansioso que estaba el público chileno de verlo. Desde los adolescentes más darketos hasta adultos ni-tan-jóvenes con pinta de tener que ir a la oficina al día siguiente, todos gritaron de emoción cuando de pronto, sin previo aviso, aparece Murphy en escena, con flores en la mano -que más tarde regalaría a un par de afortunados- y saludando “¡hola Chile!!”.

Luego de eso, el silencio. Sólo una luz azul alumbrando una escalera, y Murphy se monta sobre ella. Para felicidad de quienes anhelaban la etapa de Bauhaus, el concierto comenzó con Burning From The Inside. Esa canción, y luego The Line Between Devil’s Teeth, dieron inicio al evento que partió con problemas de sonido, que a ratos se repitieron durante el concierto. Pero al parecer, eso a casi nadie le importó demasiado. A nadie le importó tampoco cuando Peter se quedó atascado en la escalera, cuando estaba comenzando una canción. Se le notó complicado, susurraba cosas que no alcancé a captar, pero luego fue claro: “¡stop the song, stop the song!”. Nosotros, sólo nos reímos. Luego de un rato, recomenzó la canción. Pero tuvo precaución e improvisó una nueva “coreografía”; nada de escaleras, ésta vez prefirió jugar con los cambios de niveles: de arriba hacia abajo y viceversa.

La voz de Murphy es única, potente. En muchas canciones, todo el teatro estaba en silencio, absorto escuchando la interpretación de canciones como Hurt, un excelente cover de Nine Inch Nails. Nada más intenso que Peter cantando “you could have it all, my empire of dirt… I will let you down”. El siguiente cover fue Transmission de Joy Division, en donde un eufórico público coreó el clásico “dance, dance, dance, dance, dance, to the radio…”. Mucho más adelante, casi al final del concierto, el tercer cover que interpretó fue Lust for life de Iggy Pop, que hizo bailar a un público que no parecía agotado después de 2 horas disfrutando tantos excelentes temas que durante tantos años esperamos escuchar en vivo en nuestro país.
Inmediatamente después de Transmission, en uno de los momentos más altos del concierto, Peter Murphy anuncia: “Strange Kind of Love”. Y todo el teatro se agitó emocionado, dispuesto a corear ese tema que de por sí, a muchos cala hondo… pero eso no era todo. Los acordes de la canción siguieron siendo interpretados… y de pronto Murphy comienza a cantar lo que quizás todos esperábamos, uno de los infaltables. “White on white translucent black capes… back on the rack… Bela Lugosi’s dead…!”. En ese momento, cuando los presentes nos damos cuenta del verdadero himno que Murphy estaba interpretando, gritamos más extasiados que nunca. Hubo un estallido de energía, de alegría casi rabiosa, al saborear una de las piezas clave que conformó lo que fue una noche perfecta. Luego de esa joyita, Strange Kind of Love -que había mantenido sus acordes de fondo- concluye y el público se rompe las manos aplaudiendo. Murphy agradece, y luego de eso presenta a sus músicos -a uno de los cuales besó más tarde-.

La noche siguió con temas como I’ll Fall With Your Knife, The Sweetest Drop, Huuvola, y dos canciones que provocaron la euforia de todos los presentes: los clásicos She’s In Parties y Cuts You Up. El cierre fue con Indigo Eyes. Luego, los músicos se retiraron y un emocionado Murphy quedó solo, interpretando a capella Cool Cool Breeze, un regalo para todos los fans que estuvimos presentes ese domingo en el Teatro Caupolicán, y que sí más tarde coreamos su nombre: “Peter… Peter…“.

Murphy tiene un carisma único. Se cambió de ropa en una oportunidad: primero entró con pantalones, zapatos y camisa -la que fue desabrochando-, y más tarde agregó al atuendo una bufanda de plumas, y una nueva camisa, también con plumas. Además recibió algunas rosas blancas, a las que les arrancó los pétalos y se los lanzó al público más cercano. Las infaltables fans se subieron al escenario para intentar abrazarlo. Una lo logró: lo abrazó y besó sin que nadie la detuviera en eso. Pero no por ello los demás quedamos descontentos, pues Murphy interactuó con parte importante de los asistentes. Conversó con el público, bromeó, se preocupó de cantarle y dedicarle un baile a casi cada sector del teatro, incluso los más apartados. Le dio la mano a varios fanáticos que estaban en cancha, besó a otros -hombres y mujeres-, y se dejó manosear las piernas, los brazos. Pero cuando algunos intentaron agarrarle la entrepierna, Murphy se la tapó con las manos, protegiéndola de los voraces fans que estaban dispuestos a tocarlo entero. Y es que para muchos fue difícil resistir sus andróginos encantos, que se mantienen intactos con la edad.

El recital superó las expectativas de muchos. Un Peter Murphy con una incomparable voz en vivo, una excelente puesta en escena, con sus bailes unas veces sensuales, las otras rockeros, y hasta graciosos. Un 2009 repleto de conciertos que unos u otros esperan con ansias, comenzó de la mejor manera, con un artista que ha trascendido mucho más allá de su trabajo con Bauhaus. Y lo mejor de todo: promete volver a nuestro país.